Galicia de Pesca: Pescando lubinas … relatos de un día de pesca

Por fin … es el momento … lanzo aún con muy poca luz el señuelo, no con excesiva confianza pues sé que a la hora de sacarlo del agua, por la cantidad de mejillones y percebes que hay en las piedras, por las algas … puede engancharse y finalmente causarme problemas … engancharse y perderlo, ocasionar la rotura del fluorocarbono … y todo lo que ello conlleva perder un tiempo precioso, concretamente el motivo de madrugar … y al estar a oscuras, preparar de nuevo con ayuda del foco el nudo de unión con el trenzado, atar la grapa y buscar un nuevo señuelo no me resulta agradable y menos en esas condiciones, -según las circunstancias, en ocasiones decido cambiar la bobina del carrete por otra de repuesto que ya tiene montado el aparejo-.

No dejo de mirar constantemente el mar, la rompiente … nunca le quito la vista aunque prácticamente no se vea nada. Trato de adivinar en ocasiones dónde rompe, hasta dónde llega el agua, si hace falta ilumino con mucho cuidado las piedras para comprobarlo y siempre evitando la incidencia de la luz del foco sobre el mar -el ruido y los focos no son buenos compañeros de viaje con poca luz-. El límite de confianza que tengo en esas condiciones de muy poca luz es mínimo y por lógica hace que esté totalmente alerta … vigilando constantemente el mar como dije y por supuesto, lo que tengo debajo y alrededor de mis pies, pues una posición en un sitio poco estable, pequeño, resbaladizo o alto, aumenta el riesgo o la posibilidad de tener una caída o un resbalón con posibles consecuencias para mí o para el equipo.

Nunca me precipito a la hora de lanzar, es más … nadie debería de hacerlo … es básico analizar y meditar todo nuestro entorno antes de ejecutar el primer lance, aunque conozcamos el sitio, pues un exceso de confianza o dejadez en ello, puede ocasionar como dije, un desagradable incidente.

En esos primeros lances prácticamente a oscuras, la recogida la realizo a una velocidad anormalmente lenta, de modo continuo e intercalando alguna breve parada durante la misma. Cuando creo que ya está cerca de la rompiente hago una parada en la recogida, levanto todo lo que puedo la caña y dependiendo de las condiciones del sitio o del mar, realizo tirones más o menos cortos con la puntera y con una recogida mucho más rápida para salvar el señuelo de un posible enganche.

En el instante en el que miro al suelo y se pueden distinguir las sombras de las rocas, ese momento en que casi me puedo mover y dar unos pasos sin el foco, voy ganando en seguridad y confianza, los lances son más precisos y las recogidas más alegres, con más variaciones … a la vez que aumento algo más la velocidad de la misma.

Pese a la madrugada, puede que los planes que inicialmente tenemos preconcebidos para llevar a cabo a primera hora se vean truncados … así, recuerdo hace años que después de una buena bajada hasta llegar a la posta deseada … y cuando me disponía a media marea bajando a pasar a una piedra, me doy cuenta ya muy cerca de ella que había un pescador … pues sí que madrugó me dije … pues nada … no puedo perder el amanecer así que me puse a una cierta distancia de él, a su derecha … a unos 30 m … sin molestarle pues ninguno de los dos teníamos ninguna posibilidad de lanzar el señuelo a donde cada uno de nosotros podía hacerlo … unos bajos a modo de cordón lo impedían … así que me dispuse a lanzar con cierta prontitud y decepción si cabe, antes de que amaneciese. No me gustaba mucho ese sitio concreto la verdad, de echo, anteriormente y con más luz, en muy pocas ocasiones había lanzado allí.

Había algo de mar, rompía incluso mejor que donde había planeado colocarme inicialmente … trataba de adivinar si el otro madrugador pescador seguía allí o si levantaba alguna lubina … no tenía muchas expectativas puestas donde yo estaba -aunque era un sitio más seguro-, pero comencé a lanzar rápidamente. A los dos o tres lances, me entró una buena lubina de casi 2 kg … rápidamente en cuanto la puse a buen recaudo, volví a lanzar al mismo sitio … recuerdo que a la vez que comencé a recoger, giré la cabeza hacia la izquierda para ver sin éxito qué hacía mi compañero de nocturnidad … no me dio tiempo … esta vez el tirón, la lucha y el peso eran mucho mayor … 4 Kg de un precioso robalo. Aún era de noche total y tan sólo en la línea del horizonte se comenzaba a ver una franja azul oscuro.

Cuando ya hacía un buen rato que había amanecido, ya identificados por ambos los dos pescadores, donde ya se había producido el oportuno levantamiento de mano en forma de saludo … se acercó a mí para decirme que no tuvo un sólo “toque” … -y eso que estaba en el sitio al que yo había pretendido ir, me dije … qué suerte tuve- … lo que son las cosas … y claro, se quedó sorprendido con las dos buenas lubinas que me habían entrado a mí … ni se había enterado de esos momentos de frenesí.

Al día siguiente aún madrugué algo más … mi pretensión era repetir “la postura” o “puesta” del día anterior, ¿Porqué no podían darse las mismas condiciones?, ¿Y si ese canal es un sitio de paso de lubinas cuando no hay luz? … lo que son las cosas … ya estaba ocupado por un pescador … ¿Quién creéis que era? … pues nada … vuelta para atrás y en esa ocasión me tocó la piedra del plan del día anterior … ¿Qué pasó ese día? … la verdad, qué más da … queda para otro día.

Un saludo a todos y ¡Hasta la próxima Salitrada!

Juan C. Lorenzo

 

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