Galicia de Pesca: La pesca de la lubina en invierno desde la rompiente

Hace tiempo que no escribo aquí, y es que para hacerlo, para que salgan los momentos a flor de piel y volver a revivirlos, expresarlos y compartirlos con todos vosotros se necesita que el entorno de uno también esté bien y pueda participar de ello … la realidad, fue que desde hace muchos meses las circunstancias familiares no me invitaban a venir aquí con la intención necesaria para tratar de plasmar sobre el papel las sensaciones y momentos vividos en el pedrero, a favor, en estos momentos parece que la luz vuelve a entrar en nuestras vidas y el ánimo que es el preceptivo para compartir una historia con todos mis amigos pescadores, parece que va poco a poco dejándose ver.

El no poder estar en el pedrero durante muchos meses hace que intensifique en el tiempo libre mis viajes por la red viendo materiales, leyendo artículos, viendo vídeos y comparando precios de todo aquello que me podía llamar la atención. Cuando se acerca la época en la que sabes que tendrás la oportunidad de volver a organizar todo para ir a pescar, a revivir el día previo, las sensaciones son a veces confusas … me explico … es como si cuando tratas de prever todo para recibir ese día lo más preparado posible, en cuanto al equipo y previsión del tiempo, mareas, estado de la mar … al mismo tiempo, es como que es igual prever, porque básicamente no dependerá de mí ni de la previsión que pueda hacer, y trato de abstraerme de ese momento para que no interprete después si cabe, que algo hice mal o que en algo fallé en esa previsión.

Cinco días estaban ya a las puertas, cinco días en los que piensas … ¿Cómo estará el mar?, ¿Y el viento? … ¿A qué hora serán las mareas?. Para esas fechas y 3 o 4 días antes, consulté las horas mareales y previsiones del estado de la mar … aparentemente no estaría tan mal me decía, vientos suaves pero eso sí … con el mar de 2 a 2,8 m en estos días … el señuelo a utilizar era lo que únicamente tenía claro: el chivo.

De viaje camino de la costa y llegando ya a casa, la imagen del mar de esa zona, «mi zona de pesca» dibujaba amplias zonas blancas de espuma con el mar muy agitado, con lo que confirmaba que estaba por encima de los 2 m.

Había que preparar el equipo para estos días, pese a que lo dejé listo para la acción desde la última jornada de pesca, meses atrás. Comprobar el estado del trenzado, restituir los nudos del bajo y de la grapa para darme si cabe más confianza, engrasar con una gota de aceite para tal uso en los puntos clave del carrete … un ritual que realizo siempre el día anterior a la salida de pesca, además de endulzar con abundante agua templada el carrete y la caña.

Y por último, escoger los chivos que iba a llevarme el día siguiente … una selección muy particular que unas veces carece de fundamento o resultados y otras, me da la razón.

Fueron cuatro jornadas entretenidas y cada una de ellas diferente -uno de los días se hizo inviable por la intensidad del viento- en prácticamente la misma zona y con muy buenos resultados. Todas resultaron especiales básicamente porque hacía como dije, meses que no estaba en contacto con el pedrero.

Por razones que se entenderán a continuación me centraré en el último día de pesca, pues es de estas jornadas que se quedarán impresas en la mente y que cuando se traten de revivir en la memoria se acelerará el pulso, agradeciendo a las circunstancias de esos momentos la suerte que me acompañó … la última jornada se hizo tremendamente especial para mí.

En los días previos al que sitúo como protagonista de esta vivencia, pude comprobar y recordar algo normal y habitual en esta época del año, y me refiero al estado del pedrero … que por estar casi permanentemente mojado, por la acción de las frecuentes marejadas, la lluvia y la humedad, presentaba una amplia franja de color negruzco y marrón en todo él, cubierto de una mezcla de lama y alga fina que lo hacían especialmente peligroso por resbaladizo. Algo que debemos tener en cuenta en estos meses invernales por seguridad.

Comienza a amanecer cuando ya me estoy desplazando al sitio elegido para ir a pescar, yo lo defino como postura de pesca. El estado de la mar, no me daba muchas más opciones de elección y primaba poder disfrutar de la jornada con seguridad, sin riesgos aparentes y que el suelo me permitiese «escapar» ante una ola traicionera sin sufrir un resbalón.

Observo el mar, la carencia de las olas y la altura aproximada, observo desde que se forma la onda hasta que rompe y me voy situando sobre las piedras sin riesgo aparente.

¡Allá va! … son las 8:10 h, primer lance, buen lance al espumero directamente -aunque no siempre están en pleno espumero sino en la zona cercana a él, creo dependiendo de las corrientes- … estreno el trenzado de la bobina que le puse la noche anterior un Berkley X9 de 0,14 mm en low vis green acompañado de un bajo de fluorocarbono Seaguar de 0,43 mm, grapa con rolling -siempre le pongo quita vueltas-  y chivo tipo Delta de 50 gr.

En cuanto el chivo toca agua, cierro aguja y trato rápidamente de buscar la tensión en la línea para evitar si cabe que se enganche y a partir de aquí la recogida la hago lineal, alternándola en ocasiones con alguna parada mínima o con dos o tres toques suaves de puntera de vez en cuando o incluso variando la velocidad de recogida. Dependerá de la zona, de las corrientes o del estado en general del mar.

Al tercer lance recibo un tirón de una buena lubina, entró en recogida lineal … levanto la puntera de la caña y comienzo a recoger manteniendo siempre la tensión en la línea, muy importante este detalle con chivo, y valorando en función de los cabezazos y la resistencia que ofrece el posible tamaño. Va viniendo, en ocasiones tengo que dejar de recoger y manteniendo como digo la puntera en alto, dejo que dé dos o tres cabezazos de resistencia y a la vez que la caña haga su trabajo bombeando los tirones y cansando algo más a la luchadora lubina. Intento seguir recogiendo, si … ya ofrece menos resistencia … trato de aprovechar las olas para traerlo a las piedras … es buena … ¡perfecto!.

Esta misma secuencia y siempre en recogida lineal a no mucha velocidad se repitió en cinco ocasiones más, pero la quinta … se hizo notar desde el primer tirón, era un buen robalo … después del primer y tremendo tirón … un tirón largo y pesado que sólo dejaba con la caña totalmente en alto mantener la tensión, mientras ella trataba de ir hacia unas rocas -no saben nada …-, iba soltando hilo pero no mucho, porque siempre prefiero pescar con el freno ajustado de tal manera que permita salir hilo cuando la tensión sea relativamente elevada -pienso de esta manera que llevo un poco más el control de la situación de la lubina cuando trata de escapar o simplemente cuando ataca al señuelo- la caña bombeaba con los tirones iniciales y yo intentaba recoger cuando podía, fueron unos instantes magníficos de tú a tú … empiezo a dominar algo más la situación porque ella va perdiendo fuerza, y como todas de un cierto tamaño, o eso creo, tratan de buscar la liberación entre las rocas salientes, y ésta no iba a ser menos … de repente enfiló hacia ellas y ahí tuve que apurarla algo más, forzando si cabe la recogida e intentando aprovechar las olas para cambiarle la dirección como así fue finalmente … la suerte me acompañó y pude librarlas … ya no había peligro … tan sólo que algo fallase y se soltase … pero el trenzado, el fluorocarbono y los nudos nuevos me daban la suficiente confianza para forzar si cabe alguna situación … por fin se deja ver … es la imagen que más me gusta y recuerdo gratamente … cuando una figura oscura resalta sobre la espuma … el momento justo que le puedo ver la cabeza fuera del agua … ahí ya estaba vencida … pude arrastrarla hacia un lateral de mi postura y con una ola terminé por ponerla en un sitio que me permitió echarle la mano … impresionante robalo … ¡Qué momento acabo de disfrutar! … mar agitado … espuma por todos los lados … una pescata que ya no recordaba y un robalo que ponía el colofón a la jornada.

Bien es cierto que en mi caso, tal y como me decía de broma en cierta ocasión mi maestro Fernando Domínguez … «malos pescadores equipos buenos» … me hace ser realista y ensalzar determinados equipos. Desde que pesco con la caña Shore Dragon de Tenryu, -3,50 m-, para mí las sensaciones en cuanto a la pesca de la lubina bien con minnows o con chivos cambió totalmente … esta caña une ligereza, potencia y lance, llevando a otro nivel la pesca y la lucha con buenas lubinas.

Una vez más decir que para mí, el chivo sigue siendo el señuelo rey en el invierno o en días de mar agitado donde las corrientes y las olas obligan a extremar precauciones y a dar un paso atrás y además, con la necesidad de obtener buenas distancias en los lances.

Recordemos que nuestros ancestros pescadores de lubinas de la costa gallega, usaban casi en exclusividad este magnífico señuelo, es más, se sigue usando con mucha asiduidad y efectividad cuando el mar se embravece e incluso, hay pescadores que lo usan en exclusividad y que sólo van a pescar lubinas bajo estas condiciones, con mar.

Siempre se obtienen conclusiones de cada jornada de pesca, normalmente diferentes porque difícilmente dos jornadas repiten las mismas condiciones, o cambia la altura de ola, o la frecuencia, o el viento, o la presión atmosférica o la temperatura … una cosa que aprendí de este día en concreto es revisar también el estado del chivo, fijarse no sólo por encima viendo que los dos anzuelos están bien … tengo que comprobar cada pocos lances -que me servirá como descanso y para estirar la espalda- el estado de las cuerdas que salen de él y que se atan por el extremo al anzuelo. Aunque no le de aparentemente mucho golpes sobre las piedras al sacarlo del agua … ¿Por qué? … una vez que saqué el robalo sólo comprobé el estado del bajo, el trenzado, los nudos y la grapa … todo estaba intacto … volví a lanzar a la zona donde entró … dí unos pasos hacia adelante para ganar distancia … lanzo … cuando el chivo toca agua cierro aguja y con la caña en alto retrocedo hacia mi posición segura de recogida, eran 3 o 4 pasos … antes de llegar tuve otro tirón brutal … no me dio tiempo a dar una vuelta de manivela … tenía enganchado otro robalo … en un principio no me parecía que fuese como el anterior … desde el principio se dejaba venir … la recogida suave sin forzar … pero a mitad de camino se repitió la historia anterior … enfocó directamente hacia el grupo de rocas salientes … ahí sí demostró su potencia … era como el anterior … conseguí al igual que a su hermano librarlo de las rocas y justo fue entrar en la zona sin aparente peligro … cuando estaba a punto de verlo … se soltó … ¿Se soltó? … no … se rompió una de las cuerdas justo a ras del plomo … estaría tocada y no lo vi o no me fijé lo suficiente … y claro … cuando pasan cosas así aprendes pero la casualidad es así, para bien y para mal si cabe … porque las seis lubinas que cogí este día venían enganchadas por los dos anzuelos y en este caso, la casualidad y las circunstancias hicieron que viniese enganchado sólo por uno.

Eran las 9:00 h, la actividad cesó a partir de este momento … pero todo esto no hizo más que enriquecer las sensaciones de esta fantástica jornada, apuntillarla para que no la olvide nunca y poder compartirla con la familia y aquí con todos vosotros.

Un saludo a todos y ¡Hasta la próxima salitrada!

 

 

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