Galicia de Pesca: Mar de espuma robalera con chivo artesanal

Cuántas veces pasamos por una zona de pesca en coche y nos decimos “qué buena pinta tiene ahí el mar” … o escuchamos una vez que fulano de tal coge buenas lubinas en determinado sitio … soy como dije en alguna otra ocasión, de caminar poco por las piedras, trato de ir a una de mis posturas favoritas -por diversos motivos- y quedarme en ella durante unas pocas horas, sí … no muchas … 2 o 3 horas … variando las direcciones de los lances, en abanico, para tocar más zona si cabe …

A veces, no veo viable acudir a determinada zona o zonas que están entre esas, mis preferidas … bien por el viento, por la coincidencia de una determinada hora mareal, por el estado de la mar en el que valoro además, la altura de la ola y el período … circunstancias todas ellas, que me hacen planear que aquí hoy o mañana no. Eso no quita que haya un cambio radical de criterio a horas intempestivas, mientras me tomo el café previo a prepararme y coger el coche para salir a esa “nueva aventura”, y todo por la ausencia no prevista de la fuerza del viento que creí iba a soplar a esas horas o el rugir o no del mar … todo ello tira al traste lo planificado la noche anterior, pero no importa, el caso es poder ir.

En primavera aún nos visitan fuertes borrascas que originan a veces condiciones en el mar no deseadas y en otras, alegran las posturas o las zonas de pesca con espuma, que para mí es fundamental para al menos asegurar la diversión y desconexión total.

Siempre trato de evitar las zonas con olas grandes, por mucha espuma que origine porque donde voy, creo que las lubinas nunca están allí con esas condiciones … demasiado estrés para ellas y para mí.

Olas de no mucha altura y que rompan a una cierta distancia dejando una estela de espuma, es de mi gusto total pero pocas veces me encuentro con esta situación.

De esta vez y en estos días, mis zonas preferidas … las consideré intocables ya el día anterior por las previsiones. No coincidía con mi forma de entenderlas por el estado de la mar y por la hora mareal en la que entiendo hay más posibilidades de llevarme una agradable sorpresa. La nocturnidad con estas condiciones quedó totalmente descartada pese a que es un buen momento para buscarlas, pero me prima la seguridad y disfrutar de los momentos de pesca sin estrés pudiendo ver qué ola se está formando a unos cuantos metros y cómo rompe, porque insisto, el “yo controlo esta zona” o “sé hasta dónde puedo llegar” no está exenta nunca de un susto, un resbalón o de que se pueda arriesgar más de lo conveniente si nos entra un buen robalo, … fijémonos en un detalle … en cuanto nos entra uno, normalmente ya damos un par de pasos al frente, nos movemos … así que tal y como me dijo hace muchos años un gran pescador, del que tuve la suerte de aprender de sus experiencias y formas de pescar … “antes de lanzar, hay que mirar por dónde podrías sacar el robalo y si hay pocas posibilidades de hacerlo … entonces no lances ahí” …

Así y con todo esto, esta zona me hizo pensar más de una vez que podía ser un buen sitio para disfrutar de los lances y de la pesca en general en un momento dado y con relativa seguridad por lo que sería el sitio escogido.

Esta vez no habría madrugón, pues iba con la hora de la marea para esa postura y poder así acceder a ella. Desayuno tranquilo, viendo como rompía el mar contra la costa y observando el viento … al menos … estaba espumado con viento muy flojo. Es la hora … coche y a poca distancia de casa tomo contacto con el pedrero … es una zona segura porque aunque el mar está duro, las olas según la previsión son de 2,4 m con un período de 11 … toda la zona estaba de color blanco, algunas olas rompían lejos y por momentos dejaban una estela blanca a su paso hasta llegar a donde estaba situado, otras rompían más cerca de la rompiente … todo esto impulsaba la adrenalina, me gusta lo que veo pero habrá que estar muy alerta sin dar nunca la espalda al mar … ¡un espectáculo!.

Poco a poco voy avanzando hacia la rompiente, observando la cadencia de las olas, hasta dónde llega el agua al romper, sin prisas ni precipitaciones …  caña en mano y con un chivo de 50 gr empiezo a varear … la verdad, estaba perfecta para mí, aún quedaban 2 horas para la bajamar … día despejado, pocas nubes y el sol presente encima.

Al ser una zona en la que tengo poca o nula experiencia, trato de ir tanteando los bajos y las velocidades de recogida … parece que ya tengo algunas marcas de a dónde no debo lanzar pues dos chivos decidieron quedarse finalmente en el mar. A veces las zonas de lance resultan engañosas porque esas espumas blancas y persistentes dentro de una determinada zona también me están marcando la ubicación de bajos, pero claro, pienso que en torno a ellos, con los posibles canales que pueda haber, pueda estar una buena lubina de caza o simplemente apostada en el fondo … e insisto en varearla.

Van pasando ya cerca de las 2 horas, estoy en plena bajamar … calienta el sol y el reloj me dice que pronto tocará la hora de comer en familia. No estuvo mal pienso, pese a la pérdida de material, cada lance me motivaba a pensar que en cualquier momento podría entrar algo bueno.

Miro de nuevo el reloj, hay que marchar dentro de poco, me quedará una media hora de seguir insistiendo … infinidad de lances en abanico, insistiendo en alguno de ellos en la misma zona, observando las olas -ya no muy altas- para que en el lance, el chivo cayese justo detrás de alguna de ellas en concreto … pero ni toque en todo este tiempo … ¡vaya! … y es que no acabo de ganar confianza para pasar a una piedra a mi derecha y un poco más metida en el mar, ganaría unos metros en el lance pienso … es que está expuesta frontalmente a la rompiente y en ocasiones no siempre, el mar la lava casi por completo … delante de ella parece que entra más la ola, como que tarda más en romper y hace que no esté tan espumada … justo ahí aún no hice ningún lance porque antes era inviable … pero lanzo totalmente cruzado por encima de la piedra que es más alta y que está más expuesta como dije … qué más da 2 que 3 chivos pienso … buen lance … hay que probar ya ahí porque estoy en bajamar y me dejaría, si hiciese falta, pasar a esa piedra …

Cierro la aguja del carrete, levanto la puntera de la caña a la vez que doy dos vueltas de carrete y siento una frenada en seco, totalmente en seco, -de echo por un instante, creí que había enganchado el chivo de nuevo, pero fue tan sólo 1 segundo- bajo levemente la puntera y ya siento dos tirones en seco, dos cabezazos tremendos … hay que ver qué rápido pasé a la piedra a mi derecha, ahora ya sin dudas … no pienso en si me empapo con una ola porque no es sitio de riesgo, tal solo de mojadura … y hacía ya calor …

Toda mi intención era no dejar nunca la línea destensada y evitar que se librase del anzuelo y que se fuese a la izquierda, a los bajos … pero ahí, con esas olas que rompían más cerca, poco a poco conseguía el objetivo, traerla a la derecha de la piedra porque había una entrada ancha hacia el pedrero donde se metía la ola al romper.

Realmente, será una captura que recordaré con mucha emoción por ser una postura aún nueva para mí y a la que tengo que conocer muchísimo mejor, con otras mareas y condiciones y sobre todo con otras horas según marea … la recordaré como decía porque fue de las más luchadoras que me entraron de esos pesos … dos o tres cabezazos … noto la tensión y el peso … veo como la bobina suelta algo de hilo -nunca pesco con la bobina excesivamente floja, siempre con la posibilidad que pueda soltar trenzado pero ya con cierta tensión o fuerza- … en la recogida, me favorece la ola pero la resaca de la rompiente, también dificulta acercarla, no se puede forzar ni dar tirones … si viene bien enganchada saldrá, si no … se soltará de todas formas … todo esto duró unos minutos, no sé cuántos, porque todo esto se repetía constantemente, pero al fin se deja ver nadando sobre la espuma, ya subió arriba … qué espectáculo verla venir, parecía cansada ya … una mancha negra sobre la blanca espuma … aprovecho dos olas para acercarla definitivamente … veo que viene bien enganchada con los dos anzuelos del chivo y la arrastro por delante de la piedra, ¡que bonita es¡… pero a diferencia de otras veces, no me parecía para tanto en el agua … tan sólo cuando la ola final me ayudó a posarla en una zona lisa … ¡vaya robalo! exclamé … los robalos normalmente me menguan y disminuyen de peso cuando llego a casa y la báscula me dice que no es tan grande como había calculado … en esta ocasión fue al revés … muy luchadora, no me parecía para tanto y finalmente 4.400 Kg que me dieron una inesperada sorpresa.

Después, dos lances más al mismo sitio y a comer … la familia me espera.

Conclusiones:

Días y posturas de pesca en las que las condiciones atmosféricas y del mar aparentan ser las más adecuadas para tentar a las lubinas, pueden ser jornadas de pesca en las que no se tiene un solo toque en el señuelo y otros, que a priori parecen o pensamos que son menos propicios, nos dan momentos mágicos. Personalmente, trato de hacer mágicos todos los días que puedo ir a varear y estar en contacto con el salitre, el pedrero, el mar, la espuma … porque es la esencia pura de este deporte … disfrutar al máximo de los momentos que el entorno nos ofrece, adaptarnos a él con la máxima seguridad y responsabilidad … y si aparece una sorpresa en forma de una buena captura bienvenida sea, porque será otro momento más para recordar.

Equipo:

  • Caña: Tenryu Shore Dragon 3,50 m
  • Carrete: Saltiga 4000H
  • Trenzado: Berkley X9 0,14
  • Fluorocarbono: Seaguar FXR 0,435
  • Chivo artesanal 50 gr

Un saludo a todos y hasta la próxima salitrada

Juan C. Lorenzo

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